Mantener viva nuestra amistad (frente al espectro fatídico de la penuria)

En estos días se han sucedido una serie de encuentros fortuitos con viejos amigos. Reuniones azarosas con personas queridas con las que, en un pasado lejano, compartí aventuras que quedaron grabadas a fuego y para siempre en mi piel y en mi corazón. Como somos ya todos cuarentones –o cuarentañeros, según se mire–, nuestras conversaciones han llegado cargadas de gravedad. La gravedad de un tiempo con sobrepeso atiborrado de cosas, de muchas cosas.

Cuando me he despertado esta mañana, he sentido en mi cabeza la marca de esas cosas. Y se ha apoderado de mí una extraña sensación, la sensación que aparece cuando las palabras que uno escucha trascienden su propio significado. Entiendo ahora que las conversaciones que mantuve con mis amigos fueron tan sólo una pequeña muestra del barniz etéreo que cubre el fondo de nuestras vidas. Un fondo hecho, principalmente, de miedo y de sueños rotos. Mientras desayuno, no me quito de la cabeza la imagen de nosotros cayendo por el interior de un inmenso agujero negro. Espaguetizándonos sin fin.

Ciegos y sordos nos deslizamos sin remedio por este eterno túnel, como atraídos por la agenda inexorable de un destino absoluto. Y lo raro no es eso, lo raro es que tengo la impresión de que es precisamente ahí, en plena caída libre, donde se encuentra el único mundo que comparto con mis amigos. Trato de hallar alguna huella, un pequeño rastro dejado al caer, pero nada: todas las formas tenues que dejamos por la superficie de esta extraña aspiradora se desvanecen al instante borrándose por completo.

Sólo el aullido atroz de la angustia económica sirve de referencia aquí. Espectro fatídico de la penuria. Me pregunto cómo romper el convenio terrible que nos reúne en este lugar sin definición. Cómo escapar de este todo borroso, cómo hacer una cesura en el pulso de este territorio funesto. Y lo único que se me ocurre es mantener viva nuestra amistad. Seguir juntando nuestras voces tratando de dirigir las palabras contra el vacío que nos rodea. Dar con la manera de abrir una dimensión temporal distinta a esta que ahora nos subordina a un futuro presente. No se me ocurre nada más. Me voy a trabajar, que llego tarde.

Submit your comment

Please enter your name

Your name is required

Please enter a valid email address

An email address is required

Please enter your message

leodecerca 2017 Creative Commons Share Alike

Quiero ser inmortal y después morirme.

Hacked by tallergorilas.com based in WPSHOWER

Powered by WordPress