De lo que está hecha la #spanishrevolution

«¿Y de qué está hecha La fuerza sin nombre?»

Hace unos días publiqué el texto «#spanishrevolution. La fuerza sin nombre»; después de leerlo, un tal Arturo89 me hizo aquella pregunta por Twitter. Le respondí que La fuerza sin nombre está hecha de fuerza acumulada.

—«de fuerza acumulada», ¡menuda respuesta!, ¿y eso qué es? —Me volvió a preguntar Arturo89.

Saber qué es la fuerza acumulada es fácil, Arturo89: mira dentro de ti con atención y la verás; mira también a tu alrededor, está por todas partes. En tu curro, en un supermercado, en casa de tus padres, cuando vas de vacaciones a otra ciudad, cuando vas a ver una película al cine, cuando visitas un museo. La fuerza acumulada es esa fuerza que todos realizamos a diario trabajando, comprando o jugando a la Wii. Es la fuerza con la que hacemos todo eso que no sabemos por qué lo hacemos; es lo que empuja nuestra vida hacia ninguna parte.

Está hecha de frustración, de insatisfacción y de ilusiones rotas. La fuerza acumulada se acopia cuando estudias una carrera y después no te sirve para nada, cuando buscas diversión y encuentras consumo, cuando te dedicas a algo que no te gusta; también cuando te quedas sin trabajo sabiendo hacer casi cualquier cosa. Seguro que sabes de qué te hablo, Arturo89, me refiero a eso que te hace sentir que tu vida es una mierda; que todo tu esfuerzo y dedicación ha sido en vano; lo que te deja clavado en un sofá viendo pasar los años y a los gobiernos sucederse uno tras otro mientras todo sigue igual. Inamovible. La fuerza acumulada es como esas cintas transportadoras de los gimnasios, ésas que sirven para correr pero que, por mucho que corres, nunca te mueves del mismo lugar; por mucha fuerza que haces, no consigues más que acumular fuerza, nada más que eso.

¿Has sentido alguna vez que tu trabajo no te satisface, que la diversión no es divertida o que la vida está como ausente? Eso es porque la fuerza, tu fuerza, Arturo89, y la mía, y la de aquél, está acumulada.

Hasta que aparece algo como la #spanishrevolution y se libera.

Porque la #spanishrevolution, La fuerza sin nombre, es la fuerza acumulada cuando encuentra una grieta por la que escapar, cuando da con un agujero en la corteza de la sociedad y sale de golpe a la superficie. Así es como nace La fuerza sin nombre, como el vapor de una olla a presión: a través de una grieta y de golpe. Sin avisar.

Esas grietas nadie sabe en realidad cómo se forman; algunos creen que son el resultado de un lento proceso de erosión, un desgaste de la corteza causado por diversos agentes: corrupción, crisis, mentiras… Otros, sin embargo, opinan que las grietas ni se crean, ni se destruyen, simplemente están ahí. Y siempre han estado. Son un elemento más del paisaje social, como la pobreza, por ejemplo, o la especulación inmobiliaria. No las vemos porque andamos a oscuras. Según parece, la luz de lo social se fundió hace tiempo (no recuerdo bien por qué, creo que por exceso de consumo, o algo así), y, desde entonces,  nadie puede ver nada, ni las grietas, ni ninguna otra cosa. Por eso dicen que La fuerza sin nombre es imprevisible, porque va desorientada y lo que encuentra, lo encuentra por casualidad, como el palo de un ciego encuentra el camino a seguir: a tientas.

Si te soy sincero, Arturo89, a mi me da un poco igual cómo nace La fuerza sin nombre, no soy de esos que pierden el tiempo intentando crearla. A mí lo que me gusta es disfrutarla cuando aparece. En cuanto noto que llega, me preparo para la sacudida, y después me dejo llevar.

Y te aconsejo que lo hagas tú también. Déjate llevar, tío.

Sí, sé lo que estás pensando: «¿dejarme llevar por algo que no tiene nombre?, ¿algo que no sabemos de dónde viene, ni a dónde va?» Pues sí, Arturo89, eso es. No puede ser de otro modo. ¿O es que prefieres seguir viviendo sin vivir, tan sólo acumulando fuerza?

A mí, la última sacudida de La fuerza sin nombre, me ha atizado con fuerza. En apenas quince días, aquello que creía incompatible conmigo, ha dejado de serlo. He dormido en la calle; he conocido a mucha gente nueva, y ninguno de ellos me ha preguntado a qué me dedico, cuánto gano, quién soy; he plantado tomates en mitad de la ciudad (y si el campamento dura un poco más, puede que llegue a comérmelos). También he cambiado mi manera de hablar, ahora digo cosas como «Revolución», o «Solidaridad», y no me da vergüenza. Fuerte, ¿no?

En tan poco tiempo, La fuerza sin nombre me ha enseñado algo muy importante: que mis problemas no son míos en realidad. Escuchando a la gente en la plaza, me he dado cuenta de que mis problemas son también los de tal y los de cuál, los de éstos y los de aquéllos; los de muchos. Esto me ha hecho sentir más fuerte, más valiente, como cuando Asterix se toma su poción mágica. De repente, la vida ha dejado de ser esa máquina horrible que sólo admite lo que está previsto, y yo he dejado de sentirme solo. Ayer, sin ir más lejos, le dije a un amigo no sé qué sobre la esperanza. «Esperanza», ¿ves qué palabras tan raras uso ahora? ¡Quién me ha visto y quién me ve!

Arturo89, está bien que te hagas preguntas, que te tomes tu tiempo para reflexionar, yo también lo hago; a veces pienso cosas como que cuanta más fuerza se acumula, mayor es la posibilidad de que un día algo acontezca. Sin embargo, cuando llega el momento de la acción, quedarse únicamente pensando, no sirve de mucho: hay que actuar. Y te digo una cosa, Arturo89, ese momento ha llegado. Así que vamos, no lo pienses más y déjate sacudir por La fuerza sin nombre, ¿o es que acaso tienes algo que perder? Qué más da que no sepamos a dónde vamos, ni tampoco muy bien lo que queremos. Sabemos lo que no queremos y con eso, de momento, nos basta; por eso estamos en la plaza hoy y en cualquier parte mañana.
Lo demás ya llegará si mantenemos la esperanza. Y si no, también.

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Fotografía: Samuel Rodriguez
(http://www.srodriguezphoto.com/)

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