Fuera de Lugar (Acuarela Libros)

Mi amigo Amador Fdez-Savater estuvo durante un buen tiempo realizando y publicando entrevistas en el ya desaparecido diario Público. El conjunto de esas entrevistas revisadas y ampliadas acaban de aparecer en un libro que lleva por título Fuera de Lugar, tal y como se llamaba su sección en el periódico. Así explica Amador el sentido de esta publicación:

«¿Se puede pensar en un periódico? Esta es la pregunta que me hice cuando Nacho Escolar me invitó a colaborar en el nuevo diario Público en 2007. El periódico me parecía un buen lugar desde el que dialogar con la ola de fondo que se expresaba en movilizaciones como el “No a la guerra”, la reacción social tras el atentado terrorista del 11 de marzo de 2004 o las sentadas por una vivienda digna más conocidas como V de Vivienda. Una ola de fondo que hablaba de una nueva forma de entender la política, ciudadana y no partidista, que el 15-M ha hecho ahora visible para todo el mundo. Pero me incomodaba el papel que se me ofrecía, esa posición de dominio sobre la realidad con respuesta para todo que es la del opinador. Yo no quería “opinar”, sino abrir preguntas y compartirlas con otros. Pensé que podía intentar hacerlo a través de una sección de entrevistas a la que llamé “Fuera de Lugar”. En vez de juzgar sobre todo y cualquier cosa, se trataba de buscar y dar la palabra a algunas voces (más o menos visibles, más o menos escondidas) que hacen un trabajo específico de pensamiento. Ofrecer, no tanto una opinión más, como un ramillete o una constelación de voces. Una investigación coral sobre nuestra realidad entre crisis y transformación. Las entrevistas se publican ahora en este libro revisadas, ampliadas y entrelazadas.»

Entre los entrevistados figuran los siguientes nombres: Franco Berardi (Bifo), Peter Pál Pelbart, Etienne Balibar, Thomas Frank, Franco Ingrassia, Ramón Fernández Durán, Jesús Palacios, Guillem Martínez, Emmánuel Lizcano, Frederic Neyrat, Guillermo Rendueles, María Naredo, Santiago López Petit, Concha Fernández Martorell, Cristina Sánchez Carretero, Antonio Lafuente, Amparo Lasén, Michel Bauwens, Margarita Padilla, Luis Navarro, Georges Didi-Huberman, Jacques Rancière, Leónidas Martín Saura, Reinaldo Laddaga, Wu Ming 4, Jo Berry y Pat Magee, Juan Gutiérrez, Ali Abu Awwad, Aaron Barnea, Terry Rockefeller.

Aquí os dejo mi aportación, la conversación que Amador y yo mantuvimos para el diario Público y la postdata redactada con motivo de la publicación del libro. Que la disfrutéis.

Estamos cansados de mirar, hoy queremos vivir la imagen. (Entrevista a Leónidas Martín)

Se ha dicho muchas veces que la experiencia de mirar un paisaje cambió para siempre cuando se pintaron los primeros paisajes sin presencia humana. ¿Podría estar pasando hoy lo mismo con nuestra imagen de lo que es la rebelión, la revuelta o la revolución? ¿Se transforma después de ver películas como Matrix, V de Vendetta o Avatar?

Hablas de que las imágenes políticas se encuentran en un atolladero, ¿podrías explicarlo?

El atolladero al que me refiero es el toma y daca constante de apropiaciones y reapropiaciones entre el mercado y la creatividad social. El mercado lanza una imagen, la gente se reapropia de ella y le da otro sentido; un movimiento social produce un símbolo, el mercado lo captura después para vender un producto, etc. Ninguna imagen tiene un significado absoluto y acabado en sí mismo, la construcción de sentido es un juego y una lucha infinita donde no hay una frontera clara entre productores y receptores.

Todo lo que antes vivíamos directamente se ha convertido en espectáculo, decían los situacionistas.

Desde la Internacional Situacionista hasta la Escuela de Frankfurt, en la historia reciente del pensamiento crítico ha predominado la lectura más pesimista del fenómeno. Bajo este punto de vista, el capitalismo es como un vampiro que nos ha chupado toda la sangre y se ha apoderado de nuestra vida entera. Toda acción humana ha sido convertida en producto y se ha puesto a circular en la cinta transportadora del mercado. Eso nos ha reducido a meros espectadores pasivos con una sola posibilidad de acción: el consumo. Pero yo no comparto esa visión, demasiado derrotista y unilateral. También la gente roba y usa las imágenes que el mercado ha robado previamente a la gente.

¿Podrías darnos ejemplos concretos?

Un movimiento reciente en España se llamaba V de Vivienda en referencia al cómic y la película V de Vendetta, la red internacional Anonymous usa la máscara popularizada por la misma película a modo de símbolo, grupos palestinos acometen acciones de desobediencia civil enfundados en disfraces de Na’vi, los personajes de Avatar, algunos hackers defienden la libertad en la Red imaginándose en Matrix, etc. Si los realistas franceses del siglo XIX proponían “pintar lo que se ve”, estas experiencias a caballo entre la imagen y el activismo proponen “hacer lo que se ve”. Estamos cansados de mirar, hoy queremos vivir la imagen.

Este domingo Anonymous convoca protestas físicas y virtuales en los premios Goya.

El fenómeno Anonymous es fascinante. Cuando Anonymous tumbó las webs del Ministerio de Cultura y de la SGAE, Matías Prats comentó: “hasta ahora, algo así tan sólo lo habíamos visto en películas de ciencia ficción”. De alguna manera tenía razón. Por supuesto que las sentadas virtuales, o sea, que un grupo de personas se organice para visitar un mismo sitio web a la vez con la intención de provocar su colapso, no es nada nuevo, eso lleva practicándose casi desde los orígenes de Internet; sin embargo, que una red social sin nombre y sin rostro, o mejor dicho, con un falso rostro, se apropie del imaginario de un cómic y una película (V de Vendetta) y obligue a éste a actuar bajo sus mandatos, eso no se había visto tanto. Es casi como un ejercicio de posesión: entrar en otro cuerpo y operar bajo su apariencia. Bajo su imagen, en este caso. Por si esto fuera poco, el fenómeno está creciendo exponencialmente y cada vez son más los que están participando en sus acciones. Ejemplo de ello es lo que dices: la próxima convocatoria de Anonymous ya no se limita a la Red, se llevará a cabo este domingo frente a la gala de los Goya. ¿No es increíble? Cuerpos reales sin nombre alguno que, parapetados bajo una ficción, hacen un llamamiento contra la gala de los que dicen ser los autores de esas mismas ficciones, las que empiezan a rebelarse contra ellos. Autores de ficciones contra ficciones sin nombre.

¿Se trata de un uso crítico del cliché?

No, todo lo contrario. Lo que hace un estereotipo es presentarnos las cosas como algo ya visto y ya vivido. Nos distancian de todo, nos impiden conectar con el sentido auténtico de las cosas. Un cliché evita que el mundo nos afecte. Cancelan por tanto la posibilidad de acción, porque cuando todo se vuelve déjà vu resulta imposible identificarnos con nada de lo que hacemos o miramos. Los estereotipos nos vuelven cínicos: gente que ya lo sabe todo, que ya lo ha visto todo y que no se cree nada. Por el contrario, y contra todo pronóstico, estos movimientos realizan la operación inversa: abren posibilidades de subversión identificándose completamente y sin distancia crítica con algunas de las imágenes-cliché que nos ofrece el mercado.

¿Pero cómo es posible usar un cliché contra el poder de los clichés?

Cuando hablamos de vivir la imagen, más que en el artista o productor de imágenes tenemos que fijarnos necesariamente en el espectador. El espectador es alguien más libre de lo que suelen pensar las corrientes críticas. Una imagen nunca puede representarlo todo, es el espectador el que añade o complementa aquello que “falta” en una imagen. Proyectamos sobre una película o una imagen más datos que los que la propia imagen contiene. Lo hacemos a partir de nuestros saberes, de nuestra experiencia y de las imágenes previas que tenemos en la cabeza. Como explica Jacques Rancière, ver, mirar, es un acto de comparar: comparas lo que ves con lo que ya has visto y de ahí sale una interpretación, siempre “desmesurada” o “abusiva”. Y yo añado que en estas interpretaciones desmesuradas, existe un potencial para la acción política.

¿Qué aporta concretamente ese potencial?

Por ejemplo, el recurso a referencias tan populares como Avatar o V de Vendetta hace a los movimientos sociales mucho más abiertos e incluyentes. Al menos en dos sentidos. Por un lado, esa identificación ligera, cómica y desdramatizada con las imágenes-cliché logra descargar de seriedad la acción, incluyendo así a los que aprecian la dimensión placentera de una movilización y huyen de la política como sacrificio de la vida entera por una causa. Por otro lado, la identificación colectiva con un icono cultural abre espacios no codificados en términos ideológicos (izquierda y derecha). Este potencial crea, en definitiva, lo que algunos venimos llamando movimientos “post-políticos”, espacios de anonimato sin contornos identitarios o ideológicos claros, que se cuidan mucho de evitar las etiquetas mediáticas o políticas que definen, dividen, estigmatizan o criminalizan.

¿Estamos ante una nueva estrategia comunicativa o política?

No lo pienso así. A diferencia del arte político, estos movimientos usan el imaginario existente sin ninguna premeditación. Lo hacen muy espontáneamente, sin conciencia, táctica o dirección. Es como ese viejo chiste en el que van dos amigos andando por la calle y leen el letrero de una tienda que dice: “Aceros inoxidables”. Entonces se miran el uno al otro y se dicen: “¿nos hacemos?” Pues algo así sucede con estas experiencias: una interpretación desmesurada origina una identificación colectiva que abre un espacio posible para la acción política. En este sentido, no se trataría tanto de resolver aquello que se preguntaba Lenin: “¿qué hacer?”, sino, ante una mirada compartida, de preguntarnos como en el chiste: “¿nos hacemos?”

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Posdata: Nobody expects the Spanish… Revolution (noviembre 2002)

Apenas han pasado dos años desde la publicación de esta entrevista y, sin embargo, parece que hubiera pasado toda una vida.
El número de acontecimientos y la velocidad con la que se vienen sucediendo asombrarían al mismísimo Baudelaire, que tanto presumía de instantaneidad. En marzo del año 2000 la revolución tunecina todavía no había tenido lugar, ni la egipcia tampoco; Anonymous no era ni la mitad de conocido de lo que es ahora; Occupy Wall Street y el movimiento de los indignados no existían; no había campamentos en las plazas, ni manifestaciones alrededor de ningún congreso, y todavía nadie había empleado el hashtag Spanishrevolution.

Con la llegada de la crisis capitalista llegó también la batalla por su representación. Desde entonces, el relato de los banqueros, los gobiernos y el de gran parte de los medios de comunicación se asemeja a una película de terror, una donde la gente aparece como la culpable de la crisis económica: «Habéis vivido por encima de vuestras posibilidades». Sin embargo, si giramos la mirada hacia la gente aparecen otros relatos bien distintos. Una representación de lo social múltiple y anónima cargada de una gran creatividad.

Para comprender la dimensión creativa contenida en los nuevos fenómenos sociales uno no tiene más que asomarse a la Red. Cuando realizamos esta entrevista, por ejemplo, los muros de Facebook eran entendidos exclusivamente como lugares de encuentro, una especie de oasis dedicado a combatir la soledad de una sociedad extremadamente individualizada. Introducir ahí cualquier tipo de representación política significaba, de algún modo, poner en riesgo la mínima estabilidad necesaria para garantizar el encuentro.

Hoy es todo lo contrario. Las fotos del sobrino cumpliendo años han dado paso a una avalancha de imágenes políticas que, en gran medida, responden al programa expuesto en esta entrevista.
La identificación colectiva con los iconos culturales no ha hecho más que expandirse. Nobody expects the Spanish Revolution, una de las frases más difundidas por internet al comienzo de las acampadas, es una referencia directa a Nobody expects the Spanish Inquisition el conocido gag de The Monty Python. Del mismo modo, muchas de las pancartas presentes en las protestas sociales de estos dos últimos años («Error 404, Democracy not Found», «Estamos reiniciando el sistema, disculpen las molestias»…) demuestran la potencia política albergada en las referencias culturales compartidas, siendo capaces de abrir espacios no codificados en términos ideológicos (izquierda y derecha), y terrenos comunes que trabajan por la inclusión de la mayoría, como el eslogan «somos el 99%».

La presión de los hechos, el aumento del paro, los recortes sociales, todo eso está empujando a mucha gente a actuar en el escenario de lo social. Esta incorporación en el devenir de la realidad se establece, principalmente, mediante el uso de la ficción. Cuando decimos «Occupy Wall Street», estamos realizando una ocupación simbólica basada en imágenes y palabras; ficciones. La función de estas nuevas expresiones sociales y estéticas consiste, precisamente, en darle una consistencia real a estas ficciones. Este es el significado de vivir la imagen: desarrollar un potencial político y estético capaz de dotar de una mirada, de una palabra y de un pensamiento públicos a todo aquél  que vive replegado en lo privado. Y esto es lo que está sucediendo, que este potencial no deja de desplegarse. Cada vez con más fuerza.

 

 

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