La bolsa o la vida

Una voz amable y aterciopelada responde a nuestra llamada.
—La Bolsa de Barcelona, dígame.
Josean, un estudiante de arquitectura que por aquél entonces andaba con nosotros, fue quien se enteró: el edificio de la Bolsa de Barcelona está considerado un espacio de interés turístico, y pueden solicitarse visitas de grupo guiadas.
Se nos abrieron los ojos como platos.
—Sí, mire, llamo para solicitar una visita guiada por el interior del edificio.
—De acuerdo, ¿puede decirme cuántas personas serán?
—Pues… unas diez mil, más o menos.
Se quedó callada durante cinco segundos y después nos dijo que de eso nada, que lo que solicitábamos se parecía más a un asalto que a una visita, y que ni loca lo iba a permitir.
Aún así insistimos:
—Escuche señorita, nada nos interesa más que este edificio. Hemos venido a Barcelona sólo para conocerlo, y no piense usted que vamos a irnos sin visitarlo. Así que, por favor, vaya preparando ese tour cuanto antes, porque uno de estos días nos presentaremos por allí, y entonces vamos a querer ver hasta el último rincón de la sala. Muchas gracias.

Cuando colgamos, la chica de la voz aterciopelada hizo exactamente lo que queríamos que hiciese: llamar a la policía. Llegaron en menos de dos horas, justo el tiempo que nos llevó hacernos unas fotos magníficas frente a la puerta. Imagínatelas: un grupo de turistas con una bolsa en la cabeza, asfixiándose frente a la puerta de la Bolsa. Conceptual, ¿eh?
Antes de irnos de allí, vimos cómo la policía colocaba vallas y furgonetas por todas partes. ¡Menudo dispositivo de control!, y todo para evitar nuestra visita de grupo. Una visita que, por otra parte, no pensábamos hacer.

Lo que sí hicimos fue enviar a la prensa las fotos con las bolsas en la cabeza, y junto a ellas esta nota:

Estamos preparando la visita más multitudinaria de la historia a la Bolsa de Barcelona. No os la perdáis.

El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional estaban a punto de reunirse en la Ciudad Condal, y eso, según todos los medios de comunicación, iba a provocar muchos altercados. Lo repetían como un disco rayado, en la tele, en los periódicos, en todas partes. Sin embargo, a dos días del inicio de la cumbre internacional, seguían sin tener ninguna fotografía con la que ilustrar esta conjetura, ni un solo contenedor ardiendo, ni tan siquiera un triste escaparate roto, nada. Y entonces, llegaron nuestras fotos. ¡Cómo les debieron gustar!, ¡por fin un poco de carnaza! Al día siguiente aparecieron publicadas en todos los periódicos. Y la nota también.
Esto provocó un repentino giro en la opinión pública. Ahora, en vez de conversaciones sobre activistas feroces dispuestos a quemar la ciudad, se hablaba más de la Bolsa de valores, y de cómo el Gobierno estaba creando las condiciones perfectas para que el Banco Mundial y el FMI financiaran la burbuja de crédito más grande de la historia —por cierto, la misma burbuja que diez años después iba a provocar la crisis económica que hoy sufrimos—.
¡Perfecto! —pensamos—, la primera parte del plan cumplida, pues. Para la segunda, como somos más vagos que la camisa de un guardia, no nos molestamos ni tan siquiera en realizarla nosotros mismos. La dejamos en manos de la policía.

Al ver nuestras fotos en la prensa, al consejero de interior de la Generalitat catalana no se le ocurrió otra cosa que ampliar el dispositivo de control alrededor de la Bolsa: más vallas, más furgonetas, más agentes de policía. Esto a nosotros nos traía sin cuidado, ya os he dicho que no pensábamos aparecer por allá, los únicos afectados por estas nuevas medidas represivas eran los brokers, que desde ese momento, cada vez que acudían a la Bolsa dispuestos a comprar y vender acciones, se veían obligados a identificarse, pasar por los arcos de seguridad y someterse a un riguroso cacheo por parte de la policía, un registro personalizado que con el paso del tiempo no hizo más que intensificarse. Recuerdo que una mañana paseando por allí con un amigo, vimos cómo un corredor de bolsa descalzo y en camiseta interior le decía a un policía: «¡Ya está bien! ¿Quién te has creído que soy?, ¿un delincuente?». No paramos de reírnos en todo el día.

Ante esta situación, poco quedaba por hacer salvo seguir alimentando a la prensa: que si mirad esta nueva foto; que si aquí tenéis vuestra entrada para la visita guiada (diseñada por nosotros mismos, claro). Las molestias que los policías llegaron a ocasionar a los brokers fueron tantas, que al final se hartaron y decidieron dejar de ir a la Bolsa durante dos jornadas consecutivas. Os aseguro que una sala de Bolsa sin agentes de bolsa es como una panadería sin pan, no tiene sentido; no me extraña que la cerrasen. Sí, el edificio de la Bolsa de Barcelona estuvo cerrado dos días por culpa de unas fotografías y una simple llamada telefónica. Si no es esto motivo de celebración…

El día 25 de junio del 2001 nos corrimos una juerga descomunal. La recuerdo como si fuera ayer: camiones con música y cientos de personas bailando con bolsas en la cabeza, mientras la policía nos observaba desde detrás de las vallas en formación, con los cascos y escudos puestos y a pleno sol, sudando la gota gorda. Nosotros, en cambio, incluso nos bañamos en la fuente esa que está frente a la Bolsa. ¡Menudo subidón!, y es que no hay nada como hacer que tus adversarios vengan a ti, y enfrentarlos sin ni tan siquiera tener que salir de tu fortaleza.
¿Que si la Bolsa o la vida? Pues qué va a ser, joder: ¡la vida!, ¡la vida!

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leodecerca 2017 Creative Commons Share Alike

Quiero ser inmortal y después morirme.

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