#PosMeSalto y la emancipación estética.

Siempre, en cualquier época, todo teatro y toda danza con pretensiones políticas ha intentado una misma cosa: revelar la mentira y la hipocresía encubiertas en algunos procesos sociales. Si lo piensas, este reto es de lo más curioso: ¿cómo se desenmascara a un mentiroso cuando lo que tú haces es básicamente mentir, aparentar ser otro, mostrar unos sentimientos que en realidad no son los tuyos? Hace algunos días, los chicos y chicas de #PosMeSalto en México parecen haber dado con una respuesta a este dilema.

Os pongo en situación: termina el año y el gobierno de la Ciudad de México decide (de nuevo) implementar un significativo aumento en el precio del transporte. No os confundáis, esta subida no es  una imposición gubernamental o algo por el estilo, eso sería muy antiguo. Este nuevo tarifazo responde más bien a una… ¡decisión democrática! Al menos así es como lo explica la campaña gubernamental informativa que durante semanas inunda las calles de la ciudad. En ella se puede leer, entre otras cosas, los grandes beneficios sociales que el aumento del precio conllevaría. Mentiras hipocresías encubiertas en algunos procesos sociales. Lo siguiente que pone en marcha el gobierno son una serie de consultas para determinar (mediante decisión popular, claro), si debe aplicarse la subida o no. El resultado de estas encuestas ya os lo podéis imaginar: Sí. Mayoría absoluta de aquellos favorables al aumento de las tarifas.

Paralelamente, las redes sociales se expresan en la dirección opuesta, y varias encuestas espontáneas muestran resultados muy distintos a los oficiales. Justo en ese momento, un grupo de actores y actrices vinculados a la campaña #PosMeSalto (la campaña social contraria al tarifazo) realizan la intervención que muestran estas bellas imágenes. Un dispositivo sensible que, además de manifestar un sentido (la protesta contra el aumento en el precio del transporte público), acierta a encarnar la realidad de ese mismo sentido (acceder al transporte sin pagar la nueva tarifa)

Y es que toda emancipación social fue, es y será siempre una emancipación estética. Una ruptura con las maneras de sentir, de ver y de decir que caracterizan a una época determinada. La época de la falsa participación democrática, en nuestro caso.

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