Potencias y límites de los actuales movimientos cívicos (Degrowth 2014, Leipzig)

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Interesante mesa redonda en la que he participado hoy aquí en Leipzig, en el encuentro Degrowth 2014. Me han acompañado Friederike Habermann, Michael Narberhaus y Luise Tremel, quien ha conducido el debate de manera magistral, abriendo incó
modas preguntas que nos han mantenido en tensión y nos han dado mucho que pensar durante toda la sesión, empezando por la primera: ¿Cuáles son los agentes sociales que contribuyen a conformar una sociedad más justa, mas sostenible?

Hemos hablado de la transformación que han sufrido los movimientos sociales y las expresiones de protesta en las últimas décadas, desde el movimiento Antiglobalización hasta ahora. Friederike Habermann, con quien compartí muchas protestas en aquél ciclo de luchas, ha aportado luz a este asunto: “El movimiento Antiglobalización fue el principio del fin del capitalismo como único destino posible”, ha dicho. Hemos cuestionado también el propio término de “movimiento” como definición de todo eso que ahora se expresa con tanta fuerza en las calles, en las plazas y en los partidos políticos de tantos y tantos sitios. ¿Es eso un movimiento social, son muchos?, ¿se trata más bien de otra cosa, algo que no cabe del todo dentro del término “movimiento”? Para dar respuesta a estos interrogantes, hemos sacado a relucir el 15M, Occupy Wall Street, Gezi y también fenómenos políticos como Podemos o Syriza.

El neoliberalismo ha ocupado la última parte de nuestro debate. ¿Qué es eso realmente, un sistema económico, un modo de vida? Michael Narberhaus lo entendía más bien como lo primero. Yo, sin embargo, me inclinaba a definirlo como un compendio de los dos. Un sistema económico que va mucho más allá de lo estrictamente económico; un sistema que ha llegado a definir el mundo (y nuestros comportamientos) a partir de sus valores, la competencia por encima de todos ellos; un sistema que opera activamente tanto en la construcción material del mundo donde vivimos, como en la percepción que tenemos de él.

Para ejemplificar esto, me he detenido en algunas catástrofes contemporáneas, como la catástrofe nuclear de Fukushima. Creo que es entonces, en los momentos catastróficos, cuando se rompe por completo el relato del neoliberalismo (“No existe la sociedad, sólo existes tú”) y muestra su verdadera cara: la búsqueda de beneficio como motor de los comportamientos. Es entonces también cuando otros valores contrarios al neoliberalismo resurgen con fuerza. Por ejemplo, la cooperación entre los afectados por una misma catástrofe.

Quizá siguiendo el rastro de esos “nuevos valores”, demos un día con aquello que los indígenas de latinoamerica llaman El buen vivir, una nueva relación con el mundo. Quién sabe.

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