Presenatción en la Graduate School of Design (Harvard University, EEUU)

Suena mi teléfono. «Hola Leo, ¿cómo va?» La voz con marcado acento polaco es la de Krzysztof Wodiczko, el artista conocido internacionalmente por sus proyecciones de vídeo dotadas, todas ellas, de una gran carga política. Dice que me llama porque quiere invitarme a dar una una charla en la escuela donde él imparte clases, la Graduate School of Design de la Universidad de Harvard. Según me cuenta, está más que harto de ver como, año tras año, cientos alumnos se gradúan con proyectos elaborados, pero sin ningún interés en lo social. «Les importa una mierda lo que pasa en el mundo» –me dice–, «sólo quieren conseguir un buen sueldo en alguna empresa multinacional. Nada más».
Vale Krzysztof, voy para allá. Veré qué puedo hacer.

Cambridge es un lugar curioso, si no fuese por los restaurantes de comida rápida y los campos de fútbol americano, uno podría pensar que se encuentra en un pequeño pueblo del centro de Europa. Miles de estudiantes llegados de las mejores familias de los Estados Unidos (o endeudados hasta las trancas), se pasean calle arriba calle abajo con cara de no-me-entretengas-que-estoy-muy-ocupado. A mi conferencia acudieron unos cincuenta de ellos, diseñadores y artistas en su mayoría, algún arquitecto y un par de programadores informáticos. Les mostré varios proyectos de los que he realizado últimamente con Enmedio: Fiesta en el Inem, Fiesta CierraBankia, Reflectantes, etc.  Les enseñé también algún otro más antiguo, proyectos que hicimos hace años bajo otros nombres: No vas a tener casa en la puta vida, la marca multinacional Yomango, o los trajes Pret a Revolter. En realidad, no fueron más que una excusa para iniciar un debate acerca los usos y funciones que el diseño desempeña en las nuevas expresiones sociales, desde Vdevivienda hasta el 15M pasando, claro está, por Occupy Wall Street.

Como ya suponía, casi ninguno de ellos había estado involucrado en ninguno de estos movimientos. Los miraban con distancia y algo de paternalismo. Sin embargo, cuando mostré el poster que diseñamos para el movimiento Vdevivienda y dije aquello de que se trataba de una expresión íntima, un pensamiento privado hecho público; que era así es como lograba convertir un problema personal en un conflicto social, entonces noté que alguno de ellos cambiaba de actitud y comenzaba a involucrase en el debate de otra manera. Poco después, comenzaron a hablar con más soltura y nos hicieron saber que eran estudiantes endeudados, que para poder estudiar allí habían solicitado créditos muy altos y que, como todo el mundo sabe, en cuanto terminen los estudios e inicien su andadura profesional, se verán forzados a devolver esa gran cantidad de dinero. Esto, por supuesto, les preocupaba y mucho.

Estos comentarios «nunca antes expuestos en público», giraron la conversación en la dirección que a mí me interesaba: analizar el diseño desde su aplicación a la hora de solucionar aquello que nos afecta en primera persona (o al menos intentarlo). Les dije que Enmedio, el nombre del colectivo que co-fundé con otros cuantos amigos hace ahora más de seis años, con el cuál desarrollamos muchos de los proyectos que les había enseñado, lo habíamos elegido porque nos encontrábamos insatisfechos en los lugares a los estábamos destinados como profesionales de la imagen: academia, museos y galerías en el caso de los artistas; agencias y publicaciones especializadas en el caso de los fotógrafos; compañías publicitarias en el caso de los diseñadores. Ninguno de esos espacios nos ofrecía la posibilidad de vincular el diseño o el arte con los problemas sociales que realmente nos afectaban, por eso tuvimos que salir a buscar otro lugar, un lugar en ningún sitio determinado y en todos a la vez. Diseñar desde allí conlleva resultados distintos, tanto en términos formales como sociales.

Después de esto, alguno de los estudiantes, los más tengo-prisa-estoy-muy-ocupado, abandonaron la sala. Los otros, los endeudados, se quedaron conmigo discutiendo un buen rato. Parecían haber entendido bien lo que se juegan y el poder que el diseño, la imagen, puede tener a la hora de cambiar su negro futuro. Cuando se despidieron, me direon las gracias y yo se las di a Wodiczko, por haberme dado la opurtidad de trasladar nuestras ideas políticas y estéticas a Harvard, uno de los lugares donde, al parecer, más se necesitan.

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