Mi Superbarrio

Recuerdo la primera vez que escuché hablar de ti, Superbarrio. Por aquél entonces yo era un joven muchacho que no pagaba el alquiler. De la mili ni hablar, la ropa rota y el pelo descolorido. A veces rojo, a veces verde. Todavía no me había ido de mi ciudad, Zaragoza. Un amigo sí que había salido a México. A la fuerza. Le perseguía la policía, se encontraba en busca y captura por eso de la mili también, y qué mejor sitio que México para que te busquen y no te capturen, ¿verdad? Se pegó una buena temporada por allá. Bebió tequila, cantó corridos y hasta se dejó bigote. A su regreso le apodamos el Pendejo. Estaba entusiasmado, no con el apodo, claro, eso no le hacía ninguna gracia, sino con lo que había visto por allá. Decía que el surrealismo en el D.F. era costumbrismo. Que si el Chili con carne nos parecía fuerte, eso no era nada comparado con los luchadores. Se había quedado fascinado con sus máscaras, su fuerza, su actitud. Decía que le gustaba mucho El Santo, y Blue Demon, y el Mil Máscaras, pero que ninguno de ellos alcanzaba a brillar como tú, que tú destacabas por encima de todos.

– ¿Superbarrio?

– Sí, tíos, lo tendríais que ver. ¡Es increíble!

– ¿Es también un luchador?

– Sí, pero no lucha en el cuadrilátero. Su lucha está en la calle.

Nos contaba una y otra vez tus historias. Que aparecías de repente en las manifestaciones, en las asambleas de vecinos, hasta en el mismísimo Congreso. Que estabas en todas partes, que tenías el don de la ubicuidad. Eras rápido y luchabas con garra. Eras capaz de evitar el desalojo de una familia, la construcción fraudulenta de un edificio. También podías hacer aparecer cazuelas de arroz por arte de magia y alimentar a cientos personas. Lo podías todo.

Esto era antes de internet, y mi amigo no tenía cámara de fotos. Tan sólo disponíamos de su relato, con tan poco compusimos tu imagen. El Pendejo nos había descrito tu traje “rojo y dorado” y así te imaginé durante años. Más tarde pude ver alguna foto y escuchar más cosas sobre ti: “Se ha reunido con el Subcomandante Marcos”.
Ayer, por fin, me agarraste por el cuello. ¡Cuánto he esperado este momento!
Superbarrio, para mi has sido impulso e inspiración. Sin ti la política habría sido un rollo, me hubiera aburrido antes de empezar. Gracias por todo. No te rindas nunca. Tu fuerza me acompaña.

PD: Por cierto, al Pendejo le pillaron borracho de Tequila y le cayeron dos años y un mes de prisión. Cuando le dieron el primer permiso se esfumó. Nadie sabe cómo lo hizo, el caso es que no le volvimos a ver el pelo. ¿Le echaste tú una mano? ¿Fue cosa tuya? Siempre me lo he preguntado.

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